El alto coste en vidas e infraestructuras que están teniendo los combates por todo el país apremian todavía más al proceso de paz

No todos en Afganistán creen que el diálogo solucione la presente crisis. Incluso desde el Gobierno, figuras como el poderoso vicepresidente Amrullah Saleh apuestan por elevar el tono de las armas a fin de derrotar a unos talibán que, sin embargo, no dejan de expandirse por las zonas rurales del país. Ante la urgencia, delegados del Ejecutivo de Ashraf Ghani y del grupo extremista se han vuelto a reunir este sábado en Qatar con el objetivo de avanzar en un proceso de paz estancado desde hace meses.

El alto coste en vidas y en infraestructuras civiles que están teniendo los combates de estos días por todo el país apremian todavía más a los representantes de los afganos que acudieron a Doha. Así lo enfatizó en su discurso de apertura el jefe negociador del Gobierno, Abdullah Abdullah: «El pueblo de Afganistán está pasando por días difíciles. La guerra se está recrudeciendo y las víctimas reales son nuestros ciudadanos», dijo el político. Después, sentenció que «no hay solución militar» al problema afgano.

El problema, no obstante, es que la solución pacífica ha sido imposible hasta el momento. Aunque el mismo acuerdo EEUU-talibán -firmado en febrero de 2020- instaba al grupo armado a negociar con los afganos a cambio del repliegue de tropas occidentales, el diálogo estuvo embarrado desde el principio. Ambos bandos apenas han rebajado sus demandas maximalistas o dejado de apostar por la vía armada y la forja de un poder transitorio, que previsiblemente cuente con participación talibán, ha sido imposible.

Ahora, con la fecha de la retirada definitiva de las tropas estadounidenses a la vuelta de la esquina, los talibán se sienten más poderosos que nunca y con la mesa de diálogo inclinada de su lado. Según fuentes próximas a la negociación, una de las últimas ofertas talibán consiste en detener la lucha tres meses a cambio de la liberación de al menos 700 de sus combatientes encarcelados por el Gobierno afgano. No se ha confirmado si esta propuesta será debatida en Doha.

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